Una sorpresa frágil

La clave está en saber mirar más allá, y esperar. Esperar a que algo fantástico ocurra y dejar que en cada viaje la gente y sus culturas te sorprendan. Y así, es como nos ocurrió a nosotras.

En busca de historias y experiencias, en pleno Ramadán, visitamos Fez. La principal capital del Islam y cuna cultural de Marruecos. También es conocida por su gran Medina que recibe el nombre de Fès el-Bali, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Este último dato hace, que la mayor parte de los turistas y visitantes de la ciudad se muevan en este entorno y apenas salgan a descubrir otros lugares, como la zona nueva de la ciudad llamada Fès el-Jdid.

Dispuestas a salir de lo establecido e ir más allá en nuestro viaje -entre otras cosas porque estamos preparando un proyecto del que pronto hablaremos- íbamos en busca de lugares que pudieran aportarnos datos interesantes. Y aquí, en una de las primeras paradas, ocurrió algo.

“Visitez l’ensamble artisanal” así anunciaba el gran rótulo de su puerta y decidimos descubrir aquel lugar. Un gran porche con una decoración increíble a base de zelliges relucientes y entramados de maderas daban acceso a lo que parecía ser una tienda de objetos artesanales.

 

 

Un momento, ¿zellige? ¿entramado?, son elementos muy comunes dentro de este tipo de artes. Un zellig es un mosaico realizado a partir de pequeñas teselas cerámicas, muy variadas en formas y colores, y los diseños de estas piezas se denominan entramados. Y este es un elemento muy característico de la cultura marroquí en general. Pero este tema, es muy probable que lo retomemos en publicaciones futuras.

 

Volviendo a aquel magnífico porche decorado, un amable señor nos invitó a entrar al establecimiento y ojear la gran cantidad de objetos que entre polvo, ocupaban las estanterías esperando que alguien los comprara.  Pero no eran los objetos lo que nos interesaban, así que rápidamente empezamos a entablar conversación con el veterano vendedor y otro amable joven. No sé lo que fue, pero acabamos fuera de la tienda y en el lado opuesto en unas oficinas hablando con otra gente también dispuesta a ayudarnos con lo que andábamos buscando.

Sin éxito y con muchas fotografías de aquel lugar, nos vimos a sus puertas planteando la próxima de nuestras visitas de aquella zona de la ciudad. Hasta que de pronto, salió un hombre a invitarnos a descubrir más allá de lo que habíamos visto. Rodeando un jardín de flores preciosas, había diferentes departamentos con gente trabajando artesanalmente, muchos de los productos que habíamos observado en la tienda. ¡Bingo! Justo lo que buscábamos, ver como estos artesanos labran estos materiales y por qué no tener la oportunidad hablar con ellos. Teniendo en cuenta que estábamos en Ramadán, muchos de los departamentos estaban cerrados puesto que era la hora del rezo, pero al fondo en una de esas estancias tres personas trabajan al son del hilo musical que desprendía una radio llena de polvo.

Todavía recuerdo el olor, creo que era el disolvente, claramente estábamos en un taller de cerámica, dónde cocían las piezas y además las pintaban de formas muy originales. Dos mujeres y un hombre, los tres hablando con nosotros, pero sin quitar la mirada de sus minuciosos trabajos. Una de ellas, pintaba con líneas doradas algunos platillos que se amontonaban sobre la mesa. Él pintaba sobre pequeños cuencos y platillos apoyado sobre un torno. Y la tercera, de una forma muy curiosa, sacaba de una gran olla de agua caliente, unas calcomanías que manipulaba con una facilidad increíble y pegaba sobre diferentes objetos formando coloridas y originales decoraciones. Tuvimos la oportunidad de ver el horno que utilizan para cocer las cerámicas y el almacén dónde las guardan dónde hacía mucho calor. Muchas de esas artesanías que manipulaban con mucha delicadeza serían vendidas en la tienda en la que estuvimos en un primer momento.

Lo que al principio empezó siendo una simple visita, a un taller artesanal en el que ellos trabajaban y nosotras observábamos al final terminó siendo un intercambio de palabras. Satisfechas con nuestra visita a este lugar, una vez más encontramos a gente “tangente” maravillosa, con la que nos hubiéramos pasado horas hablando y compartiendo momentos como el que pasamos durante ese rato.

 

Acerda de

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