La casa de las conchas

La casa de las conchas. Peñiscola

Del griego: Quersónesos (Χερσόνησος), «península». Al latín: paene + insula, «casi + isla».

Una isla a la deriva

Dentro de la red de “Pueblos más bonitos de España”, se encuentra esta pequeña ciudad, Peñíscola. Minúscula formación rocosa, en la provincia de Castellón -Comunidad Valenciana-, sobre la que se asienta un pueblito blanco repleto de calles que guardan fantásticas historias. Hoy es la morada de un gran número de turistas y visitantes que llegan a sus playas para desconectar de la rutina y visitar sus calles. Pero su localización y su puerto hicieron que hace miles de años fuera casa de fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes. Por lo que entre sus muros, se conserva un gran legado histórico y cultural.

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Peñíscola

De película

Sus encantadoras calles hacen que no solo los turistas se enamoren sino que ha sido escenario de un gran número de películas y series. En 1961, Charlon Heston, Sophia Loren y Raf Valone interpretaron la película de El Cid. Y además, el Castillo de Papa Luna ha sido escenario de algunas de las escenas de la mítica serie Juego de Tronos.

Más allá de los rodajes, los turistas y en lo que hoy en día Peñíscola se ha convertido. Existe una historia conmovedora que de alguna manera fomentó que la pequeña ciudad hoy tenga la importancia que tiene.

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La casa de las conchas

No destaca por su arquitectura y pasa prácticamente desapercibida. Pero cuando paseas por su lado, su particular fachada y la forma ojival de sus ventanas con un toque arabesco hacen que te detengas a observarla.

La historia de la casa tiene dos nombres como protagonistas; Timoteo y Justa. Un matrimonio de la localidad que junto a sus tres hijos Agustín, Gloria y Joaquín, a principios de los años 50, pasaban por un mal momento económico a causa de la falta de trabajo. Ante tal situación, la mujer desesperada por encontrar una solución con la que poder tirar adelante a toda su familia, indagó sobre la historia de cada rincón para así hacer de guía a los turistas que se dejaban caer por allí, a cambio de una pequeña voluntad. Así es como Justa, sin quererlo ni saberlo, poco a poco se convirtió en la primera guía turística de Peñíscola. Y eso fue lo que ayudó a ella y a su familia a adquirir un pequeño solar. El solar en el que ahora se encuentra esta peculiar casa. La casa consta de tres plantas y como ya se ha mencionado no destaca por su arquitectura ni por su grandeza. Pero el amor por el mar de Justa es la causa de que su fachada goce de un interés especial. Efectivamente, está recubierta de conchas. Justa hizo un trato con los pescadores y marineros de la zona: ella les conseguiría tabaco a cambio de conchas. Y así es como poco a poco se formó La casa de las conchas.

Una vez terminada, justo enfrente Justa decidió abrir la primera tienda de souvenirs, completando así la imagen promotora y turística de la ciudad. Pues actualmente, se ha convertido en un símbolo y punto de interés de la ciudad. Quién sabe si gracias las penurias de la familia de Justa y Timoteo, hoy Peñíscola sería uno de los enclaves más bonitos y turísticos de la costa de Castellón.

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