Yemek: todo lo que recuerdo de Turquía

—Estás agarrando a alguien de la mano, alguien que no te deja avanzar.

—¿Eso cómo lo sabes?

—No lo sé, lo veo.

Şeyma nació en Izmir, en la costa este de Turquía, para luego mudarse a Osmanbey, un barrio situado en la zona europea de Estambul. Osmanbey tenía bloques de fachadas coloridas que pretendían ralentizar el paso del tiempo; tenía una panadería frente a la estación de metro que impregnaba la calle de olor a pan recién hecho; tenía pequeñas tiendas y cafeterías en donde te conocían y sonreían a partir de la segunda vez que ibas. Eso es todo lo que recuerdo de Osmanbey.

Creo que Şeyma se ha vuelto a mudar. Intento recordar cosas de Şeyma. Ella, al igual que muchas mujeres turcas, tienen el don de leer tu futuro solo con mirar los dibujos que quedan en tu taza de café. Recordando las largas conversaciones en aquel comedor empapado de olor a çay, a café, a dulce horneado, me doy cuenta de que todas las vivencias en Turquía han sido al lado de un plato de comida.

Los turcos disfrutan comiendo porque hablan comiendo. En una mesa no puede faltar comida y bebida, ellas son las responsables de que la conversación siga fluyendo.

Yemek, “comer” en turco. Todo lo que recuerdo de Turquía va sobre eso, el placentero comer. Concluyo entonces que su gente, su habla, su hacer y su olor te entra primero por el paladar, pues decido ahorrarme las explicaciones para resumir mis recuerdos en las siguientes ocho imágenes:

 

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Acerda de

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