Croacia. Hay vida más allá de la costa

Croacia, un paraíso que se ganó el cariño del mundo en Rusia 2018 tiene mucho que contar. Una zona que durante siglos ha conjugado diversos estilos, culturas, religiones, ha sufrido invasiones de tantos puntos al ser un lugar de paso entre norte y sur, entre Europa del Este y Occidente. Cada rincón de este territorio es una historia que merece la pena descubrir. Nuestro rincón de hoy es Pakrac.

Pakrac en la región de Slavonia

Pakrac en la región de Eslavonia

Es indiscutible: la belleza de las islas y costas croatas ha atraído hordas de turistas en las últimas décadas. Pero ¿qué se esconde en el interior del país?

Da escalofríos pensar cuán reciente fue la guerra serbo-croata, no más de 26 años atrás.  Eslavonia, en concreto, la región que acoge nuestro escenario de hoy, fue de las zonas más castigadas del país.

Pero la vida sigue en Pakrac. Las ganas de avanzar superan cada año las secuelas y los traumas. Edificios agujereados a balazos conviven con el buen humor y la mejora de vida y servicios (su ayuntamiento dedica una gran inversión a la infraestructura de su colegio, instituto y hospital). 8.460 habitantes que luchan por sacar a la luz la identidad de un territorio que quedó opacada por dicho enfrentamiento.

Los croatas son un pueblo nostálgico pero con carácter fuerte (propio de los Balcanes) y una personalidad muy social (propia del Mediterráneo). Cuando visitas una casa, te reciben con un licor de frutas llamado rakia, como si de café se tratara. En sus conversaciones la gente puede hablar de los buenos años de Tito, se queja de las corruptelas de sus políticos pero ni rastro de la guerra. No hace falta. Ya está todo dicho.

Rakia de Pakrac

Rakia casera, un licor de frutas que forma parte de la cultura de cada hogar.

 

En Pakrac, dos iglesias presiden la ciudad: la ortodoxa y la católica. Su aspecto nos chiva qué religión es la que tiene el poder y el dinero en el país. 

En Pakrac la vida sigue, los jueves hay mercado, la gente vende sus productos naturales. Casi todas las familias tienen su pequeño huerto en casa, la riqueza de su tierra se respira por las calles de la ciudad.

Mercado en Pakrac Croacia

Los vecinos venden sus productos naturales en el mercado de la ciudad.

Cuando me preguntan si quiero antes la buena noticia o la mala nunca sé qué contestar. Pero hoy me ceñiré a la voluntad del ciudadano de Pakrac y comenzaremos hablando de las buenas noticias, de las historias alegres, tan reales como las tristes.

 

La primera fábrica de moneda croata. 

¿Has acuñado una moneda alguna vez? Lo sé, un tanto extraña la pregunta, pero en el Museo de la Ciudad de Pakrac puedes hacerlo.

¿Cómo? Paso 1: ponte un delantal de piel y un sombrero. Paso 2: Coloca tu moneda en el molde. Paso 3: coge un martillo pesado y rechoncho y prepárate para apuntar lo mejor que puedas. Paso 4: Golpea con todas tus fuerzas. Fácil, ¿eh? Pues imagínate hacer esto sin parar 7 días a la semana. Gimnasios de la Edad Media.

Pakrac acogió la primera fábrica de monedas de Croacia. El rey húngaro-croata Bela IV dejó constancia de ello en 1256. La moneda llevaba el mismo nombre que la actual: Kuna, en honor al animal endémico del país que aparece grabado en la pieza. Al ser de tan buena calidad, la kuna se usaba como intercambio no sólo en Croacia sino también en Hungría, Eslovenia, Rumanía y Bosnia.

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Héroes montañeros

Verde, salvaje, bosques intactos, auténticos. Así es el entorno natural de la región de Eslavonia. Durante siglos y hasta el día de hoy Pakrac ha sido una tierra fértil, agrícola. El turismo no ha pisoteado la zona todavía y su gente lo sabe y lo aprovecha.

Escondida en la montaña Psunj, a 20 minutos en coche de la ciudad (casi 4 horas de senderismo) nos topamos con un albergue/restaurante que hace las veces de punto de encuentro de montañeros de toda Eslavonia. Un lugar donde olvidarse del mundo y disfrutar de unas vistas fascinantes. Habitantes de Pakrac de todas las edades acuden a la cabaña de Psunj creando una atmósfera tan familiar y cercana como la que puedes encontrar en el bar de la esquina.

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Con café en mano, en una de las mesitas de la galería del albergue, Zoran, presidente de la asociación, me contaba parte de la historia. “Hace 90 años nació un grupo de montañeros que abogaba por un disfrute respetuosos del entorno. En 1930, el grupo decidió adoptar el nombre de Asociación de montañeros de Psunj y construir esta cabaña con historia propia”. ¡Si sus paredes hablaran!

El edificio fue reconstruido dos veces” decía “la primera tras un incendio en los 70.
La segunda, tras la guerra serbo-croata”. La guerra, un tema todavía sensible sobre el que Zoran prefirió no explayarse mucho. En 1991 y durante 5 años el acceso al albergue fue imposible. El monte Psunj se había convertido en zona de guerrillas y un lugar peligroso donde pasear.

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El grupo de montañeros hace escapadas en todo el país.

Pero la asociación continuó su labor más fervorosos que nunca. Actualmente promueve y cuida la economía y mercado de su región y organiza múltiples actividades como salidas y excursiones.

Esa tarde, mientras me terminaba el segundo café en la terraza de Psunj, un grupo de señores alzó un canto improvisado entre trago y sorbo de cerveza. 

Días de pólvora

Para situarnos: Pakrac se encuentra a una hora en coche de la costa sur con Bosnia, hora y media de Hungría y a dos horas de Serbia. Es decir, un punto muy caliente durante la guerra civil a principios de los 90.  El enfrentamiento de los Balcanes se vivió de manera mucho más cruda en el interior de Croacia que en la costa al acoger un número mayor de minoría serbia y ortodoxa.

Agujeros de bala en Pakrac Croacia

Pakrac fue un nido de disparos y sus casas se convirtieron en trincheras. A las afueras de la ciudad, siguiendo la carretera de montaña, una pieza de hierro color oxidado te obliga a mirar a tu derecha.

Aparcamos al lado y nos acercamos al recinto rodeado de una valla bajita y setos. La asociación de cazadores de Prekopakra luce con orgullo en la entrada una tanque muy rudimentario construido por los mismos hombres que intentaban defender su ciudad ante las tropas serbias. La historia de estos guerreros fue triste, un puñado de mártires que el mundo no conoce, pero sí su pueblo. Este pequeño grupo de soldados intentó, con los medios que tenía, improvisar una defensa y tras algún que otro exitoso ataque, fueron acorralados en un edificio y acribillados.

broj 55

En 2014 una productora croata decidió llevar su historia a la pantalla con el nombre de Número 55 (Broj 55), el de la casa donde se refugiaron aquellos soldados durante 24 horas.

La vida sigue en Pakrac

Era mayo y volvía de una visita por Zagreb. Como todos se conocen en Pakrac, el conductor, un joven alegre, nervioso y charlatán tuvo la gentileza de llevarnos hasta la puerta de casa. Nos bajamos y superamos esos 3 metros de diluvio. Eran las 19:10 y aunque nos hubiéramos levantado a las 5:30, el día todavía no había terminado.

Estatua de soldado caído en memoria a las víctimas de guerra.

Estatua de soldado caído en memoria a las víctimas de guerra.

Como cada año, Pakrac celebraba el éxito de la operación Flash , un ataque estratégico de la República de Croacia que supondría el inicio de la rendición de las tropas serbias en 1995. Pakrac celebraba la paz de la región y posteriormente, del resto del país. 

El acto comenzaba a las 8. Nos cambiamos corriendo y acudimos al teatro.

Esperaba grandes discursos, importantes referencias memoriales de las víctimas. Pero no. Un serie de cantantes acompañados de un gran pianista entonaron varios temas, desde Simon and Garfunkel hasta canciones croatas de amor. Pero ni pizca de los años de guerra.

Esa noche conversé con una de las cantantes, no entendía nada. “La gente está cansada del tema”, decía “quieren olvidar. En años anteriores el espectáculo era diferente. La gente salía y hablaba. Pero tras 25 años de memoriales, es hora de avanzar”.  Y así es.

Me pasaría horas hablando de Pakrac y averiguando sobre su ciudad, historias y costumbres. Me pasaría horas recorriendo su entorno natural, conociendo su gente. Un rincón vibrante, desconocido y auténtico. Un lugar donde la vida sigue. Donde la historia se abre camino.

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Ruta de montaña en Skenderovci, a las afueras de Pakrac.

Acerda de

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