Descubriendo el Delta del Llobregat

Todas las veces que he estado en Barcelona, siempre la he visto como una ciudad cosmopolita, con mucho turismo, gente, y pura urbanidad. Sabía que a las afueras y en el resto de Catalunya, se podían encontrar lugares llenos de naturaleza, pero no sabía que bajo el mismo aeropuerto y a 20 minutos del centro, se podía disfrutar de la naturaleza como si estuvieras a miles de kilómetros de distancia. Ahí mismo, justo debajo de los aviones, podemos encontrar el Espai Natural del Delta del Llobregat.

El delta del río Llobregat, que llega a unirse al Mediterráneo, es el segundo delta más extenso de Catalunya con sus con 97 km² y se forma por una llanura, entre el macizo del Garraf y Montjuïc. Además, es el hogar de más de 360 especies de pájaros, razón por la cual junto a mi familia y un amigo de mi padre, dedicado a la ornitología, decidimos ir.

Para llegar al Espai Natural en coche es fácil, solo debes aparcar en el Parking Cal Tet (Coordenadas: 41°18’34.1″N 2°06’47.6″E) y caminar hacia el Río Llobregat, allí te encontrarás con la entrada y un punto de información. Para llegar en transporte público hay varias opciones, aquí puedes ver las opciones que ofrece google maps.

En nuestro caso, fuimos en coche hasta el parking, bordeamos el río por un sendero bien señalizado y fuimos parando en todos los miradores que nos encontramos por el camino. Cada ciertos minutos, pasan los aviones tan cerca de ti que puedes ver cada uno de sus detalles.

En el Espai Natural se puede encontrar una variedad inmensa de animales, especialmente de pájaros. Se pueden ver aves migratorias y nidificantes, las más abundantes son cigüeñuelas comunes, chorlitejo patinegro, chico y zampullín común. Además, en este lugar podemos encontrar tres tipos de aves que están en peligro crítico de extinción: avetoro común, pardela balear y el águila pescadora.  En cuanto a las plantas, se han localizado más de 600 especies de vegetación en los humedales y areneros costeros.

Este lugar se ha convertido en una zona de descanso, tanto para las aves, como para nosotros. Las aves, para alimentarse, nidificar, realizar la muda o invernar. Nosotros, para encontrar un espacio que, como muy sabiamente me explicó el amigo de mi padre, es efímero. Cuando te dedicas a observar los pájaros y los animales, aunque regreses mil veces al mismo sitio, este jamás volverá a ser el mismo. Las aves cambian a cada segundo desde su plumaje hasta sus nidos, por lo que en esta visita aprendí a disfrutar cada momento, cada segundo transcurrido en el tiempo. Esto pareciera sonar repetido, y sí, lo he escuchado muchísimas veces, pero nunca antes me había hecho tanto sentido.

 

Así nos pasamos horas, observando y deteniéndonos en cada mirador. El amigo de mi padre llevó un binocular para cada uno, así que juntos pudimos descubrir este nuevo gran mundo que, al menos yo, nunca antes había valorado tanto.

Mi capacidad de asombro volvió a salir a flote con fuerza. Fue entonces cuando decidí que tendría que volver, para seguir entrenando mi forma de «ver»; minuciosa, vivaz.

Acerda de

Sin Comentarios

Deja tu comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: