Bajo la ciudad llamada Nápoles

Calles repletas de belenes, estatuillas y máscaras italianas, las mejores pizzas, visita a las increíbles ciudades de Herculano y Pompeya rozando los pies del Vesubio. Un baño en la costa amalfitana. Infinidad de monumentos como el Castillo del huevo, la Capilla de Sansevero, la Galería Umberto I o la Plaza del Plebiscito. Tras 5 días en aquella peculiar ciudad sentíamos que Nápoles tenía algo más que contarnos. El encanto de sus calles, sus colores, sus olores y hasta el peligro de sus carreteras no nos dejaron indiferentes, pero nos faltaba algo más. 

Era día 1 de septiembre y el calor de verano abrasaba nuestras pieles, ¿y si hacemos un viaje bajo tierra? Así que decidimos hacer un tramo de visita de la Napoli Sotteranea, en concreto la que empieza en la Piazza San Gaetano. Comencemos.

Un descenso de aproximadamente 40 metros de golpe, por estrechas escaleras de piedra, todo oscuro y frío mucho frío. Un brusco cambio de temperatura, no llegaría a los 15º grados de temperatura y había una humedad increíble un fuerte contraste para empezar la visita. Suerte tuvimos que durante los días que estuvimos en la ciudad para entrar a las iglesias siempre llevábamos un pañuelo o chaqueta para cubrirnos los hombros, eso nos salvó del microclima creado a tanta profundidad de aquella ciudad llamada Nápoles.

El recorrido se realiza mediante unas lamparillas y recorriendo unos callejones muy estrechos, tanto, que algunos había que pasarlos de lado y teniendo cuidado de que la vela no se apagara pues no se veía nada. Nos encontrábamos en las antiguas cisternas romanas de Nápoles, estas eran las encargadas de traer agua a los pozos de la ciudad que conectaban con el antiguo acueducto subterráneo. Habían dos tipos de pozos, los públicos y los privados. Los privados eran aquellos que daban a las casas de los ricos y los públicos se encontraban en las plazas públicas. La gente tiraba un cántaro atado a una cuerda por un agujero que conectaba con el pozo y así se abastecía de agua. Así se creó una compleja red de túneles bajo la ciudad y una oportunidad de trabajo, pues el pocero era el encargado de mantener limpios los túneles y los pozos.

Como todo, con el paso del tiempo cambia la función de las cosas. Y es que durante la II Guerra Mundial, estos túneles sirvieron como refugios antiaéreos de una población gobernada por el miedo. Nápoles fue duramente bombardeada, como otras muchas ciudades, por lo que los ciudadanos preferían vivir bajo tierra pese a las duras condiciones climatológicas y la escasez de alimentos y provisiones que exponerse a la guerra. Aunque por desgracia aquel refugio duró poco tiempo, pues los aliados utilizaron los agujeros de los pozos para lanzar bombas  hacía los pozos por lo que muchas son las vidas que se quedaron allí. Todavía hoy, se pueden ver algunos objetos de las personas que durante un largo periodo de tiempo se refugió en ese lugar.

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Salimos a la calle y el calor volvió a golpearnos, pero por poco tiempo. ¿Nunca os habéis parado a pensar porqué Nápoles tiene el aspecto que tiene? Es una ciudad declarada por la Unesco como centro histórico Patrimonio de la Humanidad por lo que el aspecto y encanto de sus casas no es fácil de renovar. Además hubo un tiempo en el que en la ciudad no se podía edificar ni construir más allá de lo estipulado por lo que la ciudad en vez de crecer a lo ancho tuvo la necesidad de crecer a lo alto. Y muchos napolitanos construyeron pisos y pisos unos encima del otro. Como consecuencia, muchos de los antiguos monumentos romanos, fueron destruidos o tapados para crear nuevas construcciones. Explico esto porqué la visita no había terminado. Ahora íbamos en busca del Teatro de Nerón. ¿Extraño no? En los mapas y en las guías de la ciudad no decía nada de que hubiera un teatro romano en la ciudad de Nápoles. Pero debíamos continuar con la visita.

Entramos a una típica casa napolitana, una casa con un aspecto normal pero que guardaba una gran historia. Allí vivía una anciana que hace muchos años recibió la visita de un curioso arqueólogo convencido de que en Nápoles había habido un teatro romano. La mujer le comentó que nunca antes había oído algo así y mucho menos había visto ese teatro romano, pero a él las fuentes no le engañaban. Los antiguos tratados históricos que tanto había estudiado le decían que cerca de dónde estaba se encontraba el antiguo teatro de la ciudad así que le pidió permiso a la mujer para picar un poco en la pared y ver de qué material estaba realizada.  Efectivamente, un muro con ladrillos romanos envolvía las paredes de aquella casa. Ahí estaba el teatro romano de Nerón. La sorpresa llegó cuando la mujer le dijo que no era la primera vez que veía una pared con las mismas características, por lo que de un empujón apartó la cama y bajo la cama había una trampilla. Se dice que la mujer utilizaba el sótano de la casa para esconder tabaco y alcohol y utilizarlos en el contrabando y es por eso que no quería ser descubierta. En el sótano se podía apreciar perfectamente una sección del pasillo que daba acceso a la gradería de aquel teatro romano que se construyó en el siglo I d.C. Desgraciadamente son pocos los fragmentos que hoy se pueden ver de aquel teatro si no son con la ayuda de esta entretenida visita guiada, pues muchas casas de particulares se construyeron sobre los cimientos de estos y hoy forman parte de las paredes de muchos hogares. Incluso algún que otro hotel ofrece habitaciones exclusivas ya que poseen algún fragmento del teatro.

En ocasiones las cosas que no podemos ver son de las que más podemos aprender. Y sin ninguna duda, el último de nuestros días en aquella ciudad y aquella visita nos hizo comprender mucho más sobre su aspecto y su historia.

Acerda de

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