Al oeste el tiempo se detiene

Abdesalam con su perro tánger

Son las 7:30 pm. Suena Loquillo en nuestro móvil con SIM marroquí. Un pequeño detalle que nos hemos saltado en este intento diario de inmersión cultural. Sentadas sobre unas tablas de madera, esperamos a que Abdesalam termine sus tareas en el patio de su casa. Cae el sol, deja de hacer calor y corre la brisa.

–Ahora los pájaros se están llamando para ir a dormir, mira– y se queda en silencio. Y nosotras también. Bajamos la música del móvil y prestamos atención. Aunque no se ve ningún ave, el canto es atronador. ¿Cómo no me di cuenta antes?

Nos relajamos y no volvemos a hablar. Me pongo a escribir mientras Rosi come higos.

La comuna rural de Abdesalam es vida. Es el típico pueblo de tu madre donde pasas el verano. Pero marroquí, es decir que sin conocerte, ya te invitan a comer. Su nombre se traduce al español como “domingo-oeste”: Had Al-gharbia. La primera parte indica el día en que se organiza el mercado del pueblo. La segunda, su ubicación respecto a la ciudad de Tánger (aunque sudoeste sería algo más acertado). En el bar, antiguamente el juzgado del pueblo, los señores se sientan en mesas y plataformas con cojines a jugar al parchís o a las cartas, beber té y fumar kif, la pipa de marihuana marroquí. Golpean la mesa para celebrar sus pequeñas victorias y se ríen fuerte.

 

Un mausoleo corona esta zona con vistas a las montañas del Rif. Un hombre “mágico” muy querido por el pueblo que conoció el padre de Abdesalam fue enterrado en este lugar santo donde la gente sube a rezar, cuenta nuestro anfitrión.  

mausoleo y pozo en tánger

Mientras recuerdo, Abdesalam vuelve y se sienta con nosotras para encenderse otro cigarro. Abdesalam vive en Algeciras y pasa las vacaciones en Tánger. Muy pocas veces se acerca al pueblo, a 40 kilómetros de la ciudad. Su nombre significa “hombre de paz”. Tiene 51 años y dice que quiere casarse y tener hijos. Nos sorprendemos, pero aquí no es tan extraño. En casa de sus tíos (donde comimos) descubrimos que su primo de 56 años está casado con una chica de 31. Tienen ya 3 hijos. Fue uno de tantos matrimonios concertados de la zona. No sé si sentir pena por ella o no. No sé en qué momento la alteridad pasa a convertirse en insensibilidad o incluso cinismo. La cuestión es que no sé si ella es feliz. Y sin saber algo así, no puedo juzgar.

Debates morales. Eso es este viaje.

mujeres de táanger

Un viaje cuyo tema estrella está siendo la religión, una parte del proyecto Tramas de porlatangente. En las múltiples conversaciones que llevamos teniendo en estos cinco días, ha surgido ya Nietzsche, la caverna de Platón y la relatividad de Einstein. Han surgido nuestras experiencias personales, hemos escuchado los mismos razonamientos espirituales de un cristiano en boca de un musulmán. Mismas emociones. Misma fe.

Ahora comemos uvas y Guapo nos mira con la lengua fuera. Abdesalam no recordaba el nombre de su perro hasta después de 3 horas de llegar. No acostumbran a ponerle nombre a sus mascotas. Tampoco a celebrar cumpleaños. Ayer fue el cumple de Abdesalam y recién se acordó cuando le preguntamos la edad.

Abdesalam levanta un racimo del cazo con agua donde se está lavando y dice.
–Mira, con mierda de pájaro–. Es verdad. Tremendo manchurrón blanco.
–Nos traerá suerte comer estas uvas–digo.
–Si, la mierda es buena– dice Rosi.
–Es una fuente de vida– suelta Abdesalam.

Y me viene a la cabeza el paseo que dimos esta mañana por la montaña, los infinitos campos de cultivo que rodean la aldea y los enormes cactus de higos chumbos. Un ganadero de 60 años pastoreaba un puñado de vacas sanas y gordas. El hombre era tímido y cuando era joven quería estudiar en la Universidad de Granada.

Pastor de vacas Tánger

Se escucha el llamado al rezo desde la mezquita del pueblo y comenzamos otra vez a hablar de ritos, de la hipocresía religiosa, de los propósitos de Abdesalam para ser un buen hombre de Dios. Quiere dejar de fumar. No es un pecado muy grande, dice. Dios eso lo puede perdonar. Como el rezo que se está saltando ahora mismo. Los musulmanes deben rezar cinco veces al día. Pero Abdesalam se está encendiendo otro cigarro mientras ignora al müezzin:

–La religión está en el corazón de cada uno. Puedes rezar mucho e ir a La Meca, pero luego robar a tu pueblo y mentir–. Mientras asentimos, cambia de idea. –Mira mejor rezo primero, antes de irnos. Ahora vengo.

El lugar ha cambiado con el paso del tiempo. Los jóvenes se marchan a trabajar a otras ciudades del país. Pero hay planes para Had Al-gharbia: la construcción de casas vacacionales para atraer al turista, una alternativa del turismo urbano. Imagino volviendo en diez años a Had Al-gharbia para comprobar en qué se ha convertido. Fantaseo con volver para encontrar la misma esencia que hoy hemos vivido, que no haya sido aplastada por un complejo turístico.

Buena vida, Had Al-gharbia. Nos volveremos a ver.

Acerda de

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