Cinco días en Cuba

Pinturas el Granma en la Habana

25 de septiembre del 2017

«Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba.  Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente.  Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano», discurso de Fidel Castro el cuatro de enero del 1959, llamado “Año de la Liberación”.

El sistema comunista se basa en la creación y desarrollo de una sociedad igualitaria en la que se han abolido por completo las clases sociales: no existe el rico o el pobre, la burguesía o el proletariado, no existe la hambruna o el suelo como colchón y el cartón como sábana. No existen los desafortunados, porque tampoco existe la fortuna. En el comunismo todos los ciudadanos tienen el derecho a una educación, alimentación y sanidad gratuita, por lo que cada individuo tiene las necesidades básicas cubiertas y la obligación, a su vez, de crear un bien común.

Quedan tres horas para aterrizar. Mami ha guardado las galletas para Sheila y el sobre con una toallita húmeda para cuando no aparezca papel ni debajo de las piedras. De repente, me vienen unas ganas tremendas de oler Cuba.

26 de septiembre

Cuba huele a madera y a hierba húmeda. En la Habana, estos olores se mezclan con el humo de los carros. En Oriente huele a naturaleza en estado puro. ¿A qué suena? Suena a ruido de calderos, a quiquiriquí de gallo, a niño que llora y mamá que grita «¡pinga, cállate!». ¿A qué sabe? A quimbombó, aguacate, anoncillo y potaje de frijoles negros.

27 de septiembre

—La cosa no está fácil —dice mi tía—. Gracias a la ropita que vendo, subsistimos.

—Cabrones —respondo.

Sht —manda a callar—. Muchacha habla bajito.

Mi tía Maribel trabaja en la bodega de Guaro. Cobra doscientos veinte pesos cubanos al mes, unos nueve euros. Hoy quiere hacer la compra, que se basará en lo que le falta y en la suerte de encontrarlo en la TRD —Tienda Recaudadora de Divisa—. Gasta 2CUC en un litro de aceite y 1.50CUC en la leche. Calculo que se ha gastado casi la mitad de su sueldo, pues 1CUC son 25 pesos cubanos.

El CUC empezó a circular en Cuba cuando crearon las TRD. Cae la Unión Soviética y con ella el bienestar económico de la isla. El pueblo no encuentra comida, jabón, pasta de dientes, ropa, zapatos. Mi padre vende jabón de ducha hecho con sosa cautica. Al principio la gente se queja del picor. Luego, le buscan como moscas. En algunas casas comen piel de plátano macho y mi madre, de sus faldas, hace ropa para toda la casa. La época de las vacas flacas. De las caras largas:  el pueblo está desnudo. De mientras, el gobierno, con el fin de recaudar dinero, crea unos comercios a los que solo irán los turistas (TRD) y una moneda que estará absolutamente prohibida para los cubanos (CUC) y que solo podrán adquirir en el mercado negro. Hoy ambas monedas son oficiales.

—Y por qué no pagas en pesos cubanos? —pregunto a Maribel, ya de vuelta a casa con la compra en mano.

—Por qué no se puede. Los pesos cubanos son solo para las bodegas de cubanos —responde en tono derrotista, como si esa misma pregunta ya se la hubiera hecho un millón de veces.

—Entonces por qué no vas a la bodega de cubanos?

Se ríe.

—¡Mija porque allí solo hay polvo!

 28 de septiembre

«Revolución, es cambiar todo lo que debe ser cambiado», pronuncia Castro un primero de mayo del año 2000.

Hoy he sabido que soy contrarrevolucionaria. El periódico Granma, único diario impreso de Cuba, llama contrarrevolucionarios a aquellos que abandonan el país atraídos por la propaganda capitalista del enemigo —a estos también se les llama gusanos o disidentes—. A los que se inventan que en el país hay pobreza. A los que dicen que no hay libertad de expresión y de prensa. Curioso, pues entonces todos los periodistas del Granma parecen ser “revolucionarios”. Qué suerte. Eres contrarrevolucionario, si eres contrario al régimen.

Misael, mi abuelo, con ojos saltones color olivo, se sienta en el patio con la barriga al aire.

—Estamos todos los trabajadores, sentados, comiendo un plato de frijoles negros. De repente, entran al comedor Fidel y los militares. Se sientan y piden un plato de comida —continúa, pausado, orgulloso—. «Comandante, solo tenemos frijoles», le responden. —hace una pausa para acariciarse la barriga—. ¿Saben qué? Que el hombre se comió el plato de frijoles, como si fuera uno más.

Misael sentado en el patio de su casa. Guaro, Cuba.

29 de septiembre

Nos encontramos a Eloy Salomón a unos cinco kilómetros de Guaro. Mi padre quería enseñarnos los ríos que hay adentrándose al monte.

Eloy Salomón entró al agua en carro, tirado por dos bueyes. Llevaba un sombrero de paja para protegerse la cara del duro sol que cae día tras día en la piel de un campesino; una camisa beige de mangas largas, desabotonada, trasluciendo un cuerpo musculado, el cual, seguramente, no concordaba con su edad; pantalones anchos verde militar y unas botas de agua que le llegaban hasta las rodillas. También llevaba un marcapasos, pero no hay manera de encontrar medicación. En el monte, y ahora también en la ciudad, los farmacéuticos arrastran sus pies hacia un lugar de trabajo en el que no hay trabajo. Eloy, el amante de la tierra, el arduo trabajador, el padre, el abuelo y seguramente el ciudadano ejemplar.

El uno de enero del año 1959 triunfó una revolución armada que derrocó al dictador Fulgencio Batista, al mando del guerrillero Fidel Castro Ruz, quien tomó el poder prometiendo una Cuba más libre, más igualitaria, más justa y más demócrata. En alguna milésima de segundo, en algún estrecho lugar del infinito planeta, por no se sabe si pequeña o gran razón, otra vez volvieron a ganar ellos. Otra vez se nos esclavizó.

Cola en la farmacia de Guaro

Eloy Salomón entra al río para llenar el carro de agua. Guaro, Cuba.

Descubre más de Cuba en El mundo interior de Cuba.

 

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