Moa: la ciudad roja

Venta ambulante de plátanos macho. Moa, Cuba.

Las ventanas entreabiertas del balcón dejan pasar intrépido el aire. Éste, suave y tibio, balancea las cortinas de flores azules que Pina intenta mantener limpias. «Es imposible mami, ¿no ves que el viento trae consigo tierra roja?», dice la hija. El sol va cayendo mientras el día persiste perezoso. Desde detrás de la ventana de madera observo a los últimos niños en la acera de enfrente. Estos, alargarán el juego hasta que lleguen unos gritos ensordecedores y unos brazos largos que los agarren de los pelos vuelta a casa. «Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, ¡pon!», canta una niña, sin zapatos y con el uniforme de la escuela arrugado, mientras salta por encima de los números dibujados con tiza en el suelo.

En pleno paraíso de palmeras y frondosos árboles frutales, se asoma tímidamente Moa, con el aire fumado, bosques húmedos y pinares. La ciudad oriental, situada en el extremo este de la isla cubana, se ha convertido en una de las fortalezas económicas del país gracias a su tierra rica en níquel y cobalto.

Vuelvo a Moa después de 12 años fuera de ella. Las calles me parecen un desfile de hombres con botas de plomo y cascos amarillos. Las fábricas Ernesto Che Guevara y Pedro Soto Alba albergan a soldadores, ingenieros, electricistas, mecánicos, administradores, paileros, tuberos, carpinteros, albañiles. Las fábricas dan trabajo, dan de comer, pero también dan polvo, mucho polvo.

Según el portal en línea Statista, Cuba es el sexto país del mundo que extrae mayor cantidad de cobalto (datos del 2016). Paradójicamente, la población disminuye año tras año. Los jóvenes se van a la capital para abandonar la tierra roja. ¿Por qué?

Entra por la puerta César, hijo mayor de Pina, con las botas de trabajo, el casco amarillo en la mano y cara de palo. 

Fábrica Pedro Soto Alba o Sherrit International, firma canadiense. La fábrica es mitad del gobierno y mitad privada. Moa, Cuba. Foto extraída del medio The Star.

LAS MINAS DE COBALTO SON MINAS DE ORO

En el año 1957 los americanos ponen en marcha una de las fábricas de explotación de níquel y crean el barrio americano Town Site, donde vivirán los ingenieros y otros profesionales del sector.  En el año 1960, con el triunfo de Castro, los recién llegados toman la fábrica para bautizarla como fábrica de Pedro Soto Alba. Cambian el nombre del barrio americano por el de Rolando Monterrey, guerrillero del ejército rebelde, y se buscan amigos interesados en invertir: los soviéticos.

Pina y sus dos hijos viven en el edificio 31 del reparto del Caribe, uno de los nuevos barrios que se construyeron en Moa después de la llegada del sector industrial. Hacía falta sitio para colocar a los trabajadores por lo que junto al apoyo económico de la URSS se hicieron los edificios de estilo comunista: bloques de paneles industrializados iguales del primero al último.  Durante la década de los 70 nació el barrio del Caribe, el hotel Miraflores y el hospital general. Moa se había convertido en una mina de oro.

César trabaja en la fábrica Ernesto Che Guevara. Después de regalarnos un abrazo, se sienta derrotado en uno de los balancines del comedor: «Nos han quitado los planes vacacionales y además qué pretenden, ¿qué suba la producción?». Recuerdo las colas en las guaguas. Los trabajadores con sus familias cargados de ollas y utensilios para asar cerdos en Cayo Guam. Recuerdo los veranos en el camping y el sol ardiendo en el bañador de tonos azules con vuelos. Los planes vacacionales eran vacaciones a precios módicos instauradas por Che Guevara como estímulo para los trabajadores de la industria. «Ni vacaciones ni condiciones en las fábricas», sentencia César.

Edificios comunistas en Moa, Cuba.
Edificio de estilo comunista. Pina espera en el balcón del segundo piso. Moa, Cuba.

VÍCTIMAS DE LA GLOBALIZACIÓN

Nuestros ordenadores, la batería de nuestros aparatos electrónicos como ordenadores, móviles o tablets, los coches eléctricos y hasta la bisutería que cuelga en nuestro cuerpo no existiría sino fuera por el cobalto. Las marcas monstruo como Tesla o Apple pagan millones de dólares al mercado asiático para que fabriquen sus coches y sus móviles. A su vez, el mercado asiático paga otros millones de dólares en compra de cobalto. Es así como China se transforma en el máximo comprador de cobalto que producen las fábricas metalúrgicas de Moa, seguido de Holanda y Canadá.

Pina coge un trapo y empieza a quitar el polvo de los muebles. «Todo sigue igual desde que os fuisteis. Ahora a Marielis —en referencia a su hija— se le han enfermado los pulmones», relata mientras se crea una nube tétrica de polvo alrededor de ella.

«Cuba estima lograr una producción de más de 50 mil toneladas de níquel y cobalto en 2018», dice Eder Manuel Olivero, director del grupo empresarial Cubaniquel. Actualmente, el precio por tonelada oscila entre los 11 y los 14 mil dólares, por lo que el gobierno tiene una facturación anual de aproximadamente 600 millones de dólares. De mientras, en la primavera de este año, el director de la fábrica Ernesto Che Guevara, Yosvani Aldana, indicó que «actualmente se dedican unos 50 millones de pesos cubanos —equivalente a unos 2 millones de dólares— al mantenimiento de puntos vitales de la fábrica como hornos de reducción y sistemas captadores de polvo para minimizar las pérdidas de mineral y afectaciones al medio ambiente».

«Algún día nos iremos. Cogeremos nuestros trapitos y dejaremos atrás este churre rojo», dice Pina después de rendirse con el polvo, quien se las arreglaba para volver siempre de alguna forma al mueble. Son muchos los que quieren dejar la ciudad roja. El propio periódico nacional El Granma, confirmó que «para poner en marcha acciones de reanimación en el municipio fue necesario un diagnóstico que develó el saldo migratorio negativo, con un promedio de 782 personas al año en el último lustro» (publicación del 19 de septiembre del 2018). En la noticia no se especificó el por qué del éxodo, pero según estudios realizados por el Sistema Nacional del Instituto de Meteorolgía (INSMET), la ciudad de Moa está considerada como una de las ciudades de Cuba con extremo grado de contaminación atmosférica y se observa un incremento del riesgo de cáncer pulmonar con respecto a la media nacional.

Toneladas de aluminio y ácido sulfúrico se mezclan cada día en las aguas de la bahía de Moa.

Abandono la ciudad y veo cómo van quedando atrás los bloques de edificios con sus medianeras dibujadas, el humo de las torres de las fábricas, el aire colorado y, por último, antes de salir del perímetro de Moa, se observa un gran cartel en el lateral de la carretera: «socialismo o muerte».

Acerda de

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